La alerta que cambió todo
Entre 2019 y 2020, una epidemia de enfermedad pulmonar grave vinculada al cigarrillo electrónico encendió las alarmas a nivel global. El Dr. Alejandro J. Videla, Presidente de la Asociación Argentina de Tabacología, explica que este evento marcó un punto de inflexión: lejos de ser una alternativa segura, el vapeo demostró ser un riesgo real y inmediato para la salud.
Efectos desde la primera exposición
Las investigaciones muestran que basta probar un cigarrillo electrónico una vez para desencadenar:
- Aumento agudo de la presión arterial y frecuencia cardíaca, incrementando el estrés cardiovascular.
- Obstrucción reversible de las vías aéreas, incluso en personas jóvenes y sanas.
- Liberación de sustancias tóxicas (nicotina, formaldehído, metales pesados) que dañan el tejido pulmonar.
Un "aerosol tóxico", no vapor inofensivo
El Dr. Videla enfatiza: "Lo que se inhala no es vapor de agua, sino un aerosol con partículas ultrafinas que penetran profundamente en los pulmones y torrente sanguíneo". Estos componentes pueden:
- Generar inflamación sistémica.
- Alterar la función inmune.
- Aumentar el riesgo de infecciones respiratorias.
Evidencia actualizada
Estudios recientes confirman que los usuarios de cigarrillos electrónicos tienen:
- Mayor probabilidad de desarrollar asma y síntomas respiratorios crónicos.
- Cambios estructurales en las vías aéreas similares a los observados en fumadores tradicionales.
- Adicción acelerada debido a los altos niveles de nicotina en los líquidos.
¿Por qué seguimos subestimando el riesgo?
- Marketing engañoso: Estrategias que minimizan los daños y targetean a jóvenes.
- Desinformación: Falta de divulgación clara sobre los efectos comprobados.
- Regulación insuficiente: Vacíos legales en el control de estos dispositivos.
- La ciencia es clara: no existe nivel seguro de exposición al cigarrillo electrónico.




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